La mano de Dios detiene que más almas vayan a Satán

Comer la hostia (en la cual están impresas las iniciales jesuitas IHS, que significa la trinidad egipcia (Isis, Horus y Set)) es un acto demoníaco. Lo que se rememora es de forma canibal la muerte de Jesús, es decir la victoria de Satán frente a Dios matando a su unigénito.

Por qué la iglesia Católica no hace alabanza de Jesús resucitado nunca?
Por contra, toda la visita del Papa Benedicto XVI a Madrid ha sido un culto y adoración a la cruz y la muerte de Jesús y a la Virgen y su hijo (La reina de Babilonia y su hijo realmente). Donde se dice en la biblia que María fuera una diosa? Porqué no se hace plena alabanza a la figura de Jesús resucitado?

Esta frase han vitoreado las masas en Madrid: “Esta es la juventud del papa”, “Viva el papa”, etc…
Lógicamente ninguna de las personas que sigan al catolicismo y al Vicaious Filii Dei (666) ha leído la Biblia o sigue a Jesús Cristo.

Apo 18:4  Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, porque no seáis participantes de sus pecados, y que no recibáis de sus plagas;

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La tormenta deja sin comulgar a miles de fieles que despiden al papa en Cuatro Vientos

“el huracán” vivido este sábado ha “destrozado” algunas de las capillas en las que se habían ubicado las 600.000 hostias

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Adoración a la cruz (muerte y sufrimiento de Jesús) y a la reina de Babilonia.

Jesús es el único señor

5 pensamientos en “La mano de Dios detiene que más almas vayan a Satán

  1. podras escribir todas las sandeces que quieras, PERO LA HOSTIA CONSAGRADA ES EL CUERPO Y LA SANGRA DE CRISTO Y ES CRISTO MISMO.

    AQUI EL UNICO SATANICO DEMONIACO ES EL AUTOR DEL BLOGUE, LA IGLESIA CATÓLICA FUÉ FUNDADA POR JESUS CRISTO (FUERA DE LA IGLESIA NO HAY SALVACION).

    TE DA CORAJE QUE TUS SEGUIDORES ANTICATOLICOS EN MADRID QUE ATACARON A LOS JOVENES PEREGRINOS NO PASARON DE 2000 GATOS CONTRA 2 MILLONES DE JOVENES CATOLICOS.

    VIVA CRISTO REY
    VIVA EL PAPA BENEDICTO XVI
    VIVA LA SANTA IGLESIA CATÓLICA APOSTOLICA Y ROMANA FUNDADA POR JESUS CRSTO

    • O eres un agente desinformador o simplemente estás mas perdido que una perdiz.

      Yo no tengo nada que ver con la manifestación anticatólica orquestada por los mismos que organizan el JMJ.

      Yo diré sandeces, pero anda que las tuyas…. cito unas cuantas:

      – La hostia es cristo mismo ….. (Ein?)
      – La iglesia católica fue fundada por Jesucristo …. (Donde dice eso la Biblia?)
      – Fuera de la iglesia católica no hay salvación …. (está claro que no has leído el NTestamento)
      – Viva Cristo Rey… (si viva Cristo, pero el REY es su padre todopoderoso)

      A lo de viva el NAZI y SATANICO Benedicto ni te respondo😄

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      Jesús Cristo es el único señor hijo de Dios todopoderoso creador y rey del entero universo

  2. Pedro no fue el primer papa

    La iglesia católica ha elevado a dogma de fe que los papas son sucesores de Pedro como obispo de Roma. Sin embargo Pedro nunca ostentó dicho título. En las antiguas cronologías de obispos de Roma, el nombre de Pedro no aparece nunca. Irineo, obispo de Lyon desde el año 178 hasta el 200, enumera todos los obispos romanos hasta el duodécimo, Eleuterio. Según Irineo, el primer obispo de Roma no fue Pedro ni Pablo, sino Lino. La constitución Apostólica, en el año 270, también nombra a Lino como primer obispo de Roma, designado por Pablo. El sucesor de Lino fue Clemente, elegido por Pedro. En todos sus escritos, Eusebio de Cesarea, quien es conocido como el padre de la historia de la iglesia, nunca se refiere a Pedro como obispo de Roma.

    Al parecer, según la concepción de los primeros comentaristas cristianos, los apóstoles no pertenecían a ninguna iglesia en particular, ni siquiera a aquellas que habían fundado. Los apóstoles pertenecían a toda la Iglesia, lo cual los excluía de ser obispos de un lugar determinado.

    Tampoco resulta claro cuanto tiempo vivió Pedro en Roma. Un documento de finales del siglo IV afirma que permaneció en la ciudad durante 29 años. Sin embargo alrededor del año 58, el apóstol Pablo escribió otra de sus cartas, que en dicha ocasión estaba dirigida a los romanos. En ella saludaba a familias enteras, mencionando a veintinueve personas por su nombre. Pero no saludaba a Pedro, lo cual no deja de ser una omisión sorprendente si Pedro residía en la ciudad y era obispo de Roma. Por añadidura, Eusebio escribió hacia el año 300: ” Se tiene noticia de que Pedro predicó a los judíos por todo el Ponto, Galatia, Bitinia, Capadocia y, al final de sus días, hallándose en Roma, fue crucificado”. En la actualidad, los historiadores sugieren que Pedro vivió en Roma como máximo tres o cuatro años. No hay constancia de que se hiciese cargo de la comunidad romana. Ni siquiera fue obispo de Jerusalén, Santiago, el hermano de Jesús, si lo fue.

    El incendio de Roma y la muerte de Pedro

    El 19 de Julio del año 64, un violento incendio azotó a la ciudad de Roma. Durante seis días y siete noches las llamas se propagaron, destruyendo diez de los catorce barrios de la ciudad. Las circunstancias resultaron sospechosas. Nerón se encontraba en Anzio; los triumviri nocturni (vigilantes militares de incendios), no se encontraban de servicio. Regresó Nerón, cuando supo que el fuego se acercaba al palacio y tomó algunas medidas para auxiliar a los afectados: trajo de Ostia y de las tierras cercanas provisiones, y bajó el precio del trigo. No obstante el pueblo estaba furioso, pues se había divulgado el rumor de que al mismo tiempo que se estaba abrasando la ciudad había subido Nerón a un tablado que tenía en su casa y cantado en él el incendio y la destrucción de Troya. Se creía que Nerón había provocado el incendio con el objeto de reconstruir la ciudad a su gusto. Al respecto Suetonio relató:

    “No respetó tampoco al pueblo romano ni los muros de su patria. Habiendo un familiar suyo citado en la conversación este verso griego:

    que todo se abrase y perezca después de mí.

    No, le contestó, más bien viviendo yo, y cumplió su amenaza. Desagradándole, según decía, el mal gusto de los edificios antiguos, la estrechez e irregularidad de las calles, hizo poner fuego a la ciudad; lo hizo con tal desfachatez, que algunos consulares, sorprendiendo en sus casas esclavos de su camara, con estopas y antorchas en las manos, no se atrevieron a detenerlos. Los graneros contiguos a la Casa de Oro, cuyos terrenos deseaba, fueron incendiados y derribados con máquina de guerra, pues estaban construidos con piedras de sillería. Duraron tales estragos seis días y siete noches, y el pueblo no tuvo durante ellos otro refugio que los monumentos y las sepulturas. Además de gran número de casas particulares, el fuego consumió las moradas de los antiguos generales, adornadas todavía con los despojos del enemigo, los templos consagrados a los dioses por los reyes de Roma o levantados durante las Guerras Púnicas y las de la Galia; todo, en fin, lo que la antigüedad había dejado de curioso y digno de memoria. Nerón estuvo contemplando el incendio desde lo alto de la torre de Mecenas, encantado, según dijo, de la hermosura de la llama, y vestido en traje de teatro cantó al mismo tiempo la toma de Troya. Tampoco dejó escapar esta ocasión de pillaje y robo: se había comprometido a hacer retirar gratuitamente los cadáveres y escombros y a nadie permitió que se acercase a aquellos restos que había hecho suyos. Recibió y hasta exigió contribuciones por las reparaciones de Roma, hasta el punto de haber casi arruinado por este medio a los particulares y a las provincias. ”

    Para alejar de su persona las sospechas, Nerón culpó a los cristianos de la catástrofe. Fue la primer gran persecución de cristianos en Roma. El siguiente pasaje de Tacito describe los hechos:

    “Hechas estas diligencias humanas, se acudió a las divinas con deseo de aplacar la ira de los dioses y purgarse del pecado que había sido causa de tan gran desdicha. Viéronse sobre esto los libros sibilinos, por cuyo consejo se hicieron súplicas a Vulcano, a Ceres y a Proserpina, y las matronas aplacaron con sacrificios a Juno, primero en el Capitolio y después en el mar cercano a la ciudad, y sacando de él agua, rociaron el templo y la estatua de la diosa: las mujeres casadas celebraron selisternios(1) y vigilias. Mas ni con socorros humanos, donativos y liberalidades del príncipe, ni con las diligencias que se hacían para aplacar la ira de los dioses era posible borrar la infamia de la opinión que se tenía de que el incendio había sido voluntario. Y así, Nerón, para acallar esta voz y descargarse, dio por culpados de él y comenzó a castigar con exquisitos géneros de tormentos a unos hombres aborrecidos del vulgo por sus excesos, llamados comúnmente cristianos. El autor de este nombre fue Cristo, el cual, imperando Tiberio, había sido ajusticiado por orden de Poncio Pilato, procurador de la Judea ; y aunque por entonces se reprimió algún tanto aquella perniciosa superstición, tornaba otra vez a reverdecer, no solamente en Judea, origen de este mal, sino también en Roma. donde llegan y se celebran todas las cosas atroces y vergonzosas que hay en las demás partes. Fueron, pues, detenidos al principio los que profesaban públicamente esta religión, y después, por delaciones de aquellos, una multitud infinita, no tanto por el delito de incendio que se les imputaba, como por hallarles convictos de aborrecimiento al género humano. Añadióse a la justicia que se hizo a éstos la burla y escarnio con que se les daba muerte. A unos vestían de pellejos de fieras, para que de esta manera los despedazasen los perros; a otros ponían en cruces; a otros echaban sobre grandes rimeros de leña, a los que en faltando el día, pegaban fuego, para que ardiendo con ellos sirviesen de alumbrar en las tinieblas de la noche. Había Nerón disputado para este espectáculo sus huertos, y él celebraba las fiestas circenses; y allí, en habito de cochero, se mezclaba unas veces con el vulgo a mirar el regocijo, otras se ponía a guiar su coche, como acostumbraba. Y así, aunque culpables estos y merecedores del último suplicio, movían con todo eso a compasión y lástima grande, como personas a quienes se quitaba tan miserablemente la vida, no por provecho público, sino para satisfacer la necesidad de uno solo.”

    Poco después del incendio, Pedro fue encarcelado. Cuando lo llevaron a sector norte del circo, Pedro solicitó ser crucificado cabeza abajo por respeto a Jesús. Los soldados no lo discutieron. De ser posible, debía respetarse el último deseo de un criminal. Pronto le llegó la muerte. Aquella noche, sus seguidores reclamaron el cuerpo y lo enterraron cerca del muro donde se acostumbraba sepultar a las víctimas del circo. El lugar escogido era próximo al primer hito de la Vía Cornelia. Treinta años después, Anacleto construiría un oratorio sobre este lugar. Ironicamente, los Papas se dicen sucesores de Pedro, pero, al igual que Nerón, visten la purpura y ostentan el título de Pontifex Maximus.

    (1) Los selisternios eran procesiones que se hacían con las estatuas de los dioses colocados sobre sillas (sellae)

  3. En el Nuevo Testamento podemos encontrar amplia evidencia de que Pedro fue el primero en autoridad entre los apóstoles. Cada vez que los apóstoles son nombrados, Pedro encabeza la lista (Mateo 10:1-4, Marcos 3:16-19, Lucas 6:14-16, Hechos 1:13); algunas veces aparece solamente “Pedro y aquellos que estaban con él” (Lucas 9:32). Pedro era el primero que generalmente hablaba en nombre de los apóstoles (Mateo 18:21, Marcos 8:29, Lucas 12:41, Juan 6:69), y aparece en muchas escenas dramáticas (Mateo 14:28-32, Mateo 17:24, Marcos 10:28). En Pentecostés Pedro fue el primero que predicó a la multitud (Hechos 2:14-40), y fue Pedro quien realizó la primera curación milagrosa en la naciente Iglesia (Hechos 3:6-7). También fue a Pedro a quien vino la revelación de que los Gentiles fueran bautizados y aceptados como cristianos. (Hechos 10:46-48).

    Su preeminente posición entre los apóstoles estaba simbolizada en el mismo principio de su relación con Cristo. En su primer encuentro, Cristo le dijo a Simón que su nombre sería cambiado a Pedro, que se traduce como Roca (Juan 1:42).

    El hecho es que –aparte de la única vez que Abraham es llamado “roca” (Hebreo: sur; Arameo: Kefa) en Isaías 51:1-2– en el Antiguo Testamento solamente a Dios se le llamaba roca. En la antigüedad la palabra roca no era usada como nombre propio. Si usted se dirige a un compañero y le dice, “Desde ahora tu nombre es Espárrago,” la gente se sorprenderá. ¿Por qué Espárrago? ¿Cuál es la intención de esto? ¿Qué es lo que esto significa? Desde luego, ¿Por qué llamar “Roca” a Simón el pescador? Cristo no estaba haciendo esto sin sentido, y tampoco los judíos cuando daban un nombre. Dar un nuevo nombre es cambiar la situación de la persona, como cuando el nombre de Abram fue cambiado a Abraham (Gen. 17:5), el de Jacob a Israel (Gen. 32:28), el de Eliacim a Joaquín (2 Reyes 23:34), o los nombres de los cuatro jóvenes hebreos –Daniel, Ananías, Misael, y Azarías– a Baltazar, Shidrack, Misack, y Abdenago (Dan. 1:6-8). Pero ningún judío había sido llamado Roca. Los judíos daban otros nombres tomados de la naturaleza, como Barak “relámpago,” (Jueces 4:6), Deborah (“abeja,” Gen. 35:8), y Raquel (“oveja,” Gen. 29:16), pero no Roca. En el Nuevo Testamento Santiago y Juan fueron llamados por Cristo con el sobrenombre de Boanerges, que significa “Hijos del Trueno,” pero este nombre nunca fue regularmente usado en lugar de su nombre original y ciertamente no era tomado como un nuevo nombre. Pero en el caso de Simon-bar-Jonas, su nuevo nombre Kefas (en griego: Petrus) definitivamente reemplazó el nombre viejo.

    Miremos la escena

    No solamente fue significante para Simón recibir un nuevo e inusual nombre, sino que también fue importante el lugar donde Jesús solemnemente cambió el nombre a Pedro. Esto sucedió cuando “Jesús vino a la ciudad de Cesárea de Filipo” (Mateo 16:13), una ciudad que Felipe el Tetrarca construyó en honor de Cesar Augustus, que había muerto en el año 14 D.C.

    La ciudad estaba situada cerca de las cascadas en el río Jordán y cerca de un gigantesco muro de roca de unos 200 pies de alto y 500 pies de largo, que es parte de la falda sur del Monte Hermón. La ciudad no existe actualmente, pero sus ruinas están cerca de Banias, una pequeña ciudad árabe, y en la base del muro de roca puede encontrarse a su izquierda uno de los afluentes que alimentan el Jordán. Fue aquí donde Jesús se dirigió a Simón y le dijo: “Tú eres Pedro” (Mateo 16:18).

    La significación de este hecho quedó bien clara a los otros apóstoles. Como judíos devotos ellos conocían que el lugar era verdaderamente importante para aquello que se estaba haciendo –cambiar el nombre a Simón– . Nadie acusó a Simón por haber recibido solamente él este honor, y en el resto del Nuevo Testamento es llamado por su nuevo nombre, mientras que Santiago y Juan siguieron llamándose Santiago y Juan, no Boanerges.

    Promesas a Pedro

    Cuando Él encontró por primera vez a Simón, “Jesús le miró, y dijo, «¿tú eres Simón el hijo de Juan? Te llamarás Kefas (que significa Pedro)»” (Juan 1:42). La palabra “Kefas” en griego es meramente la traducción literal de la palabra “Kefas” en arameo. Luego, después que Pedro y los otros discípulos estaban con Cristo ellos regresaron otra vez a Cesarea de Filipo, donde Pedro hizo su profesión de fe: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Vivo” (Mateo. 16:16). Jesús le dijo que aquello era una verdad especialmente revelada a él y luego, solemnemente reiteró: “Y yo te digo a ti, tú eres Pedro ” (Mateo 16:18). Y a esto añadió la promesa de fundar la Iglesia, de algún modo, fundada sobre Pedro. (Mateo 16:18).

    Entonces dos cosas muy importantes les fueron dada a los apóstoles: “Todo lo que ates en la tierra, será atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos” (Mateo 16:19). Aquí Pedro fue distinguido con la autoridad de perdonar los pecados y elaborar las reglas disciplinarias. Luego los apóstoles recibieron similar poder pero en este caso particularmente aquí lo recibe Pedro de modo singular. También fue solamente a Pedro que se le prometió: “Te daré las llaves del Reino de los Cielos” (Mateo 16:19). En aquellos tiempos la llave era signo de autoridad. Una ciudad amurallada tenía una gran puerta, y esa puerta tenía una gran cerradura que funcionaba con una gran llave. Dar la llave de la ciudad (un honor que todavía existe hoy día, a pesar de que no hay puertas) es también dar libre acceso y autoridad sobre la ciudad. La cuidad de la que Pedro estaba recibiendo la llave era nada más y nada menos que la misma Ciudad Celestial. Este mismo simbolismo para la autoridad es usado en otra parte de la Biblia (Is. 22:22, Apocalipsis 1:18).

    Finalmente, después de la Resurrección, Jesús se apareció a sus discípulos y le preguntó por tres veces a Pedro: “¿Me amas? (Juan 21:15-17). En arrepentimiento por sus tres negaciones, Pedro hizo una triple afirmación de amor. Entonces Cristo, el Buen Pastor (Juan 10:11, 14), dio a Pedro la autoridad que él había prometido: “Apacienta mis ovejas” (Juan 21:17). Esto específicamente incluía a los otros apóstoles, desde que Jesús le preguntó a Pedro, “¿Me amas más que éstos?” (Juan 21:15) –la palabra “éstos” se refiere a los otros apóstoles que estaban presentes (Juan 21:2)–. Esto sucedió para que se cumpliera la profecía hecha antes de que Jesús y sus discípulos estuvieran por última vez en el Monte de los Olivos.

    Inmediatamente antes de su negación Jesús le dijo a Pedro: “Simón, Simón, he aquí que Satanás ha pedido tenerte para cribarte como a trigo, pero yo he orado por ti para que tu fe no se apague; y cuando te recobres de nuevo, [después de su negación] da firmeza a tus hermanos” (Lucas 22:31-32). Fue por Pedro por quien Cristo rezó para que su fe no fallara y para que fuera el guía de los demás, y su oración, siendo perfectamente eficaz, sería cumplida por seguro.

    ¿Quién es la roca?

    Fijémonos en el verso clave: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). La discusión sobre este verso siempre ha versado sobre el significado de la palabra “piedra” o “roca”. ¿A quién se refiere Jesús? Desde que el nuevo nombre de Simón, Pedro, por sí sólo significa “roca”, la frase puede ser re-escrita como “Tú eres Roca y sobre esta roca yo construiré mi iglesia”. El juego de palabras es obvio, pero muchos comentadores, deseando evitar lo que sigue después de esto –el establecimiento del papado– han sugerido que la palabra roca no puede referirse a Pedro, debe referirse a su profesión de fe o a Cristo mismo.

    Desde el punto de vista gramatical, la frase “esta roca” debe referirse al nombre sustantivo más cercano. La profesión de fe de Pedro (Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Vivo”) es dos versículos antes, mientras que su nombre, un nombre propio, está precediendo inmediatamente la cláusula. Consideremos como una analogía esta paráfrasis: “Yo tengo un carro y un camión, y éste es azul” ¿Cuál es azul? El camión, porque es el sustantivo más cercano al pronombre “éste” . Todo esto es más claro si la referencia al carro ha sido dos frases antes, como la referencia a la profesión de fe de Pedro son dos frases antes que el término roca.

    Otra alternativa

    El mismo tipo de argumentación considera que la palabra roca puede hacer referencia a Cristo mismo ya que él está mencionado en la profesión de fe. El hecho de que en otra parte de la Escritura, en una metáfora diferente, Cristo es llamado “piedra angular” (Efesios 2:20, 1 Pedro 2:4-8) no desaprueba que aquí la fundación es Pedro. Naturalmente Cristo es lo principal y, ya que él está regresando a los cielos, la invisible fundación de la iglesia que él establecerá, pero Pedro es nombrado por él como el secundario y, porque él y sus sucesores permanecerán sobre la tierra, la visible fundación. Pedro puede ser la fundación solamente porque Cristo es el Primero.

    Consideremos otra analogía: A veces les pedimos a nuestros amigos que recen por nosotros y oramos por ellos. Nuestras oraciones le piden a Dios especial ayuda para el uno y para el otro. ¿Qué estamos haciendo cuando rezamos? Estamos actuando como mediadores, como intercesores. Estamos suplicando a Dios en favor de otro. ¿Es esto contra la declaración de Pablo que Cristo es el único mediador (1 Tim. 2:5)? No, porque nuestra mediación es enteramente secundaria y depende de la mediación de Cristo. Él es el único Dios-Hombre, la única persona que es puente entre Dios y el hombre, pero nuestra intercesión por otra persona no interfiere con la mediación de Cristo. En realidad, en los cuatro versos anteriores de 1 de Timoteo 2:5, Pablo manda a los cristianos orar los unos por los otros. Cristo pudo haber establecido su mediación de cualquier modo que hubiera querido, pero él escogió que nosotros también participáramos cuando él mismo nos manda a rezar los unos por los otros (Mateo 5:44, 1 Tim. 2:14, Rom. 15:30, Hechos 12:5). Así, como puede haber intercesores secundarios y un principal, también puede haber una fundación secundaria y una principal.

    Una mirada al Arameo

    Los que se oponen a la interpretación católica de Mateo 16:18 algunas veces argumentan que en el texto griego el nombre del apóstol es “Petros”, mientras que “roca” es traducido como “piedra” (petra). Ellos dicen que la primera palabra (petros) significa una pequeña piedra y que la segunda (petra) es una gran masa de roca, entonces, si Pedro fue pensado para ser una gran roca ¿por qué su nombre no es “Petra”? Ahora bien, observe que Cristo no habló a sus discípulos en griego. Él habló en arameo, el lenguaje popular en la Palestina de entonces. En ese lenguaje la palabra para “roca” es “Kefa”, que es la que Jesús usaba en su lenguaje común (fíjese que en Juan 1:42 él dijo: “Te llamarás Kefas”). Lo que Jesús dijo en Mateo 16:18 fue esto: “Tú eres Kefa, y sobre esta kefa estableceré mi Iglesia.”

    Cuando el evangelio de San Mateo fue traducido del arameo original al griego resultó un problema que no confrontó el evangelista cuando él compuso este compendio de la vida de Cristo. En arameo la palabra kefa tenía el mismo sentido final para referirse a una gran roca o a un nombre personal masculino. En griego, la palabra para traducir roca, petra, es del género femenino. El traductor pudo usarlo en la segunda vez que aparece la palabra en la oración, pero no para la primera porque sería inapropiado dar a un hombre un nombre femenino. Por eso el traductor puso un final masculino en esto, y éste fue Petros.

    Además, la premisa del argumento contra Pedro como roca es simplemente equivocada. En el siglo primero las palabras griegas “petros” y “petra” eran sinónimos. Previamente habían poseído el significado de “pequeña piedra” y “roca grande” en la temprana poesía griega pero para el siglo primero esta distinción se perdió, así lo admiten algunos protestantes estudiosos de la Biblia (Véanse los comentarios de D. A. Carson en “Expositor’s Bible Commentary” [Grand Rapids: Zondervan Books]).

    Algunos de los efectos del juego de palabras de Cristo se perdieron cuando esto se tradujo del arameo al griego, pero eso fue lo mejor que pudo hacerse en griego. En inglés, como en arameo, no hay problemas con las finales, porque en la traducción al inglés podría leerse: “Tú eres Roca, y sobre esta roca edificaré mi iglesia”. [Lo mismo puede decirse en español, así como en arameo, la frase no se presta a ninguna confusión, tal como se lee la traducción hoy día: “Tú eres Pedro (nombre propio masculino que significa piedra), y sobre esta piedra (sustantivo común que hace referencia al sustantivo propio anterior) edificaré mi iglesia”. Nota del Traductor.]

    Considerando otro punto de vista: si la palabra roca se refiriera directamente a Cristo (como dicen algunos anticatólicos, basándose en 2 Corintios 10:4, “y la Roca era Cristo” –aunque la roca era literalmente una roca física que viajaba con los israelitas en el desierto durante el éxodo; cf. Ex. 17:6, Núm. 20:8), ¿por qué Mateo dejó el pasaje como estaba? En el arameo original, y en el inglés que es más parecido al arameo que al griego, el pasaje es claro. Mateo pudo darse cuenta que sus lectores entenderían el obvio sentido de “Pedro… piedra”

    Si Mateo se refirió a Cristo como la roca, ¿por qué no lo dijo claramente? ¿Por qué dio la oportunidad y dejó a Pablo escribir clarificando el texto (presumiendo, desde luego, que 1 Corintios fue escrito después del evangelio de Mateo, y si fue primero, ¿por qué no escribió para clarificar este asunto?

    La razón, desde luego, es que Mateo conocía muy bien que la frase quería decir lo que realmente está diciendo. Y fue Simón, débil como era, quien fue elegido para ser la roca el primer eslabón en la cadena del papado.

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